jueves, 14 de agosto de 2014

ELEGIR

(El Antídoto Contra La Negligencia Y Los Infiernos Personales)

Elegir es un don divino. Es la prerrogativa sagrada con la que Dios
nos ha bendecido para reconocer nuestra libertad, a través de la cual
podemos desarrollarnos y convertirnos en las personas en quienes nos
queremos convertir. Y por medio de ésa formación de nosotros mismos,
también atraemos los haceres y teneres que nos acompañan.

Si elegir es un don divino, podemos incluso llegar a decir, con tu
permiso, que aquello que nos impide decidir es enemigo de lo divino. Y
tal es el caso de la negligencia.

La negligencia es saber que tienes que hacer algo y no hacerlo. Saber
que quieres decir algo y callarlo. Saber que debes conseguir algo para
bienestar de tu persona y de los tuyos, y pensar que no lo puedes
conseguir. Saber quién eres y no expresarlo. La negligencia es ser
una casi-persona. Es negarte a ti mismo y a todo lo que eres. Es
anular la elección y anularte a ti.

La negligencia actúa básicamente de dos maneras distintas: la
primera es negando la existencia de la elección y la segunda es
negando nuestra capacidad de elegir o de llevar a cabo lo elegido. En
el primer caso decimos que nuestra persona y nuestras condiciones de
vida están formadas por completo por lo que otros hicieron o porque
así es el mundo; en tales casos pensamos que somos infelices, pobres,
ignorantes o gordos por razón de nuestros padres, nuestros jefes, la
economía, nuestra difícil infancia o nuestros genes. En el segundo
caso reconocemos que podríamos hacer algo para cambiar nuestra
situación, que hay otras personas que han cambiado sus circunstancias
de vida y que queremos algo distinto en la nuestra y, sin embargo,
pensamos que no lo podremos lograr. No tenemos fe en nosotros mismos
ni en la vida y, de nuevo, depositamos toda la responsabilidad de
nuestra insatisfacción en el mundo exterior, con su gente y sus
circunstancias; o también ocultando hasta de nosotros mismos esa
falta de fe, diciéndonos que sí haremos las cosas, pero que las
haremos mañana. En ambos casos renuncias a tu libertad y a tu poder,
decidiendo usar como pretexto a todo lo que está fuera de tu control
para ser como no quieres ser. Para no hacer lo que sí puedes hacer y
para no controlar lo que sí puedes: a ti mismo y a todo lo que crees,
dices y haces.

Permanecemos esclavos de la inercia porque estamos acostumbrados a
ella y a las circunstancias a las que nos mantiene encadenados.
Estamos acostumbrados a no disponer de la energía suficiente o a
emplearla mal, a ser infelices con nuestro trabajo o a estar enojados
con nuestros seres queridos. O con quienes deberían ser nuestros
“seres queridos”. La fuerza del hábito toma la suficiente fuerza
como para que no cuestionemos su validez. Y cada hábito tiene sus
propias recompensas (favorables o desfavorables), cosa de la que
podemos darnos cuenta fácilmente al reflexionar en ello. Vemos lo
mismo en nosotros, vemos lo mismo en los demás y, talvez, vimos lo
mismo en nuestros padres. Nos acostumbramos a no cuestionar la
infelicidad, la insatisfacción, la pobreza y la mala salud. La
resignación llegó temprano y nos acostumbramos a su presencia.

Pero podemos liberarnos. Antes de la frustración del deseo estuvo el
deseo. Antes de la anulación de la persona estuvo la presencia de
nuestra persona verdadera. Aquella a quien el Creador bendijo y la que
tenía una labor que cumplir. Podemos ser felices siendo quienes
somos. Y podemos hacer lo que siempre hemos sabido que debemos hacer.
Dentro de nosotros, más allá de la capa de justificaciones con las
que suprimimos nuestra capacidad de elegir, están las acciones
precisas que queremos realizar, los planes justos para su realización
y el poder necesario para llevarlos a cabo. Y no tendrás que buscar
muy lejos. Están justo ahí. Los escuchas, los ves y los sientes todo
el tiempo. Sólo es cuestión de darles su lugar. De darte tu lugar.
En esta vida tomas algo y renuncias a algo. Has de renunciar a tus
excusas para abrazar tus sueños. Porque la única alternativa es
renunciar a tus sueños para abrazar tus excusas. Y esto último es
indigno de un ser humano. Sé digno. Sé verdaderamente humano. Sé
libre. Sé tú.

Podemos honrar nuestra vida con diligencia. Podemos elegir. Podemos
dar nuestro beneplácito a esta gracia sublime.

Puedes darte unos breves momentos, si quieres. Escúchate. Háblate. Y
llévate a la Acción. Decide:

¿Quién eres?

¿En quién te quieres convertir?

¿Qué creencias quieres abrigar?

¿Cuáles palabras quieres pronunciar o escribir?

¿Qué acciones quieres realizar? ¿Cuál misión? ¿Con qué servicio
ganarás tu dinero?

¿Qué te gustaría tener?

Estoy seguro de quienes la inteligencia necesaria. Los conocimientos
los tienes, o los puedes adquirir. Desarrolla un plan para llevarlos a
cabo. Acompáñate en la ejecución de ese plan. Te convertirás en lo
que has decidido y actuado. Vivirás realmente. No dejes que tu vida
pase como si no hubieras estado realmente aquí. Imprime, pinta y
plasma lo que quieres y lo que eres. Si vas a firmar la obra, también
tienes el derecho de hacerla a tu gusto.

Hay una historia en la que el Diablo pide a sus demonios que le
presenten planes para poder llevar al infierno a la mayor cantidad
posible de personas. Se presentaron tres diablos. El primero le dijo
que podía llevar al infierno al 50% de toda la humanidad diciéndoles
que no había bien ni mal, cielo ni infierno, acciones meritorias o
viciadas. El segundo le dijo que podía llevarse al 75% de la
humanidad diciéndoles que sí había bien y mal, cielo e infierno,
verdad y mentira; pero también les diría que sólo debían honrar al
Creador y a su propia vida unas pocas horas a la semana en un templo,
que el resto de su vida podían hacer lo que quisieran. Por fin, el
tercero, le dijo que podía llevarse al infierno al 100% de las
personas. Al Diablo le parecía demasiado bueno para ser verdad, pero
escuchó la propuesta. El tercer demonio les diría que había bien y
mal, cielo e infierno, que había acciones virtuosas y perjudiciales,
que debían actuar con intención de beneficiar a toda la humanidad y
vivir como ángeles en la Tierra…pero que podrían empezar mañana.

Tu vida se desenvuelve ahora. Sálvate del sufrimiento. Sé fuerte y
vive con gozo. Elige.

Muchas bendiciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario