Te quiero como se quieren las cosas sencillas,
despacio y sin atropellos, pero continuamente,
te quiero como se miran las estrellas,
con los ojos muy abiertos y la boca grande,
te quiero como se quieren los niños...,
con el corazón abierto y los ojos llorosos,
como se aman las hojas caídas del otoño,
te quiero con los pulmones llenos,
como al aire que respiro,
con el alma en las manos y mi ser a tus pies.
Te quiero con toda la loca cordura que me cabe en la cabeza,
con el frío cálculo del hombre sabio,
con el saltar inquieto del niño imberbe,
con el calor ardiente del joven muchacho,
con el corazón roto del pobre hombre fuerte.
Te quiero como el agua a la tierra seca y el marino a su mar,
como quieren las gentes nobles, que solo saben amar,
como quieren los animales, sin razones ni excusas,
con palabras o sin ellas, con silencio y entre ruidos,
en el cielo y en la tierra, con tus hijos, con los míos,
con la gente, con la soledad y en el vacío,
con todo lo que soy y con todo lo que he sido,
con todo tu corazón y lo que resta del mío,
así hoy, te quiero.
¿Cuánto?
¿Que cuánto te quiero?
No puedo decirte cuanto, ¿pero como se mide el cielo?
¿Cómo se mide el camino de una vida, o el cantar de un jilguero?
¿Cómo se mide el mar, o este vasto universo,
los colores del mundo, el aire que respiramos o el que cabe en un cesto,
la distancia hasta las estrellas, o la luz de tus pupilas,
la risa de un niño o mis tardes de infancia?
¿Cómo se mide el orgullo en los ojos de un hijo,
la alegría de una vida, la tristeza de una pena,
la amistad de un amigo o la ironía de un necio?
¿Cómo se mide el hambre por tu cuerpo,
la pasión en las venas, el contacto perfecto,
un beso en la distancia o un adiós en el tiempo?
¿Cómo se mide el cariño por tu hogar a lo lejos?
¿Cómo saber cuanto? Si medir es imperfecto...
suma todo y aún no podrás ni imaginar cuanto te quiero.
¿Cómo? ¿Que cómo te quiero?
Te quiero como se quieren las cosas sencillas.
despacio y sin atropellos, pero continuamente,
te quiero como se miran las estrellas,
con los ojos muy abiertos y la boca grande,
te quiero como se quieren los niños...,
con el corazón abierto y los ojos llorosos,
como se aman las hojas caídas del otoño,
te quiero con los pulmones llenos,
como al aire que respiro,
con el alma en las manos y mi ser a tus pies.
Te quiero con toda la loca cordura que me cabe en la cabeza,
con el frío cálculo del hombre sabio,
con el saltar inquieto del niño imberbe,
con el calor ardiente del joven muchacho,
con el corazón roto del pobre hombre fuerte.
Te quiero como el agua a la tierra seca y el marino a su mar,
como quieren las gentes nobles, que solo saben amar,
como quieren los animales, sin razones ni excusas,
con palabras o sin ellas, con silencio y entre ruidos,
en el cielo y en la tierra, con tus hijos, con los míos,
con la gente, con la soledad y en el vacío,
con todo lo que soy y con todo lo que he sido,
con todo tu corazón y lo que resta del mío,
así hoy, te quiero.
¿Cuánto?
¿Que cuánto te quiero?
No puedo decirte cuanto, ¿pero como se mide el cielo?
¿Cómo se mide el camino de una vida, o el cantar de un jilguero?
¿Cómo se mide el mar, o este vasto universo,
los colores del mundo, el aire que respiramos o el que cabe en un cesto,
la distancia hasta las estrellas, o la luz de tus pupilas,
la risa de un niño o mis tardes de infancia?
¿Cómo se mide el orgullo en los ojos de un hijo,
la alegría de una vida, la tristeza de una pena,
la amistad de un amigo o la ironía de un necio?
¿Cómo se mide el hambre por tu cuerpo,
la pasión en las venas, el contacto perfecto,
un beso en la distancia o un adiós en el tiempo?
¿Cómo se mide el cariño por tu hogar a lo lejos?
¿Cómo saber cuanto? Si medir es imperfecto...
suma todo y aún no podrás ni imaginar cuanto te quiero.
¿Cómo? ¿Que cómo te quiero?
Te quiero como se quieren las cosas sencillas.
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